Cuando el nail art rasguña el género

Sin pasar por las influencias queer, no solo el esmaltado masculino sino el nail art irrumpió definitivamente en la moda de todos los días. Claro que lo nuevo no es el hombre que se pinta las uñas -poner en memoria imágenes icónicas de Kurt Cobain- sino la manera y la masividad que adquirió esta tendencia.

Un punto de partida lo pudo haber dado Demna Gvasalia, director creativo de Balenciaga cuando contrató a la especialista Mei Kawajiri para que ponga todo su arte en las uñas de los modelos del desfile de otoño-invierno de 2017. «Siempre soñé que me llamaran para trabajar en un desfile masculino», dijo la manicura japonesa que tiene como clientes a Gigi Hadid, Bella Hadid y Ariana Grande, entre otras.

Al año siguiente, Kawajiri, con sede permanente en Nueva York, abrió un salón pop-up en París. Allí, ocho de cada diez clientes eran muy pero muy jóvenes. Porque «hoy en día el nail art es parecido a los piercings o los tatuajes, algo que otorga un cierto tipo de diferencia», reflexiona la nail artist japonesa.

No solo uñas negras

No solo de uñas negras vive esta tendencia masculina que rompió uno de los prejuicios más fuertes. En la Argentina del rock, el autor de esos «Raros peinados nuevos», Charly García, hizo jugar cromáticamente las teclas negras de sus teclados con el color de sus uñas. Hoy las uñas masculinas han amanecido a otras tonalidades e incluso a juegos con retratos e íconos. Nail art a full.

Por supuesto que desde siempre hubo hombres que han acicalado sus uñas y hasta se han atrevido a alguna laca para darles brillo. Pero esa es otra historia. De cuando la manicura -nunca el- era un personaje medio oculto y un tanto ambiguo en ese mundo de hombres en que se convertían los salones masculinos. Gerardo Sofovich, que inmortalizó al gran Mateo Bozicovich en su «Peluquería de Don Mateo» la puso a Alelí en ese rol con una caracterización femenina que hoy no sería tolerable. Cambió todo en «apenas» medio siglo.

 

Rock & Nail

Siglo pasado. Década del ’70. Aparece en escena David Bowie con sus uñas turquesas. No podía ser de otra manera porque hace juego con su sed de vanguardia. Años más, años menos es el turno de Steven Jyer. El cantante de Aerosmith revoluciona su tiempo con su hoy característico diseño de uñas, acentuado con barras negras verticales. Así llegan los ’90 con su carga eléctrica y rebelde donde Kurt Cobain muestra ese esmalte cuarteado, tan grunge. Pero no todo es rock. Ya a principios de este siglo, Johnny Depp se deja llevar por su fanatismo y sale al ruedo con uñas azul cobalto, bien a lo Keith Richard. Por lo visto esta tendencia no es de ahora, lo que sí, tal vez sea para siempre.

Gladiadores

En algunos lugares durante la Edad Media, los colores pintados en las uñas masculinas denotaban su pertenencia a una u otra clase social. Los gladiadores romanos pasaban mucho tiempo preparando sus manos antes de ir a la batalla. Amuleto, fetiche o arma psicológica, las uñas negras, por ejemplo, se relacionaban siempre con la muerte. Pero la posterior evolución del cristianismo remarcó las diferencias externas entre hombres y mujeres. Y allí, el pintado de las uñas quedó del lado femenino. Al menos, hasta ahora.

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