Caro o gratis Nunca barato

Mark Bustos fue designado como International Hair Influencer of the Year en la última entrega de los International Hairdressing Awards. Neoyorquino pero de familia filipina es un profesional solidariamente peluquero. Dueño de tres salones de alta gama e integrante de varias campañas publicitarias de primera línea, no duda cada domingo en salir a cortarle el pelo a gente que sobrevive en la calle. Lo mismo que en su salón puede llegar a cobrar cientos de dólares, Mark lo hace gratis y se podría decir, a domicilio, si esto no fuese una dolorosa ironía.

“Muy caro o gratis, pero nunca barato”, lo dice Mark Bustos que, a los 35 años cuenta con tres salones muy exitosos en Nueva York pero que todos los domingos sale a cortar el pelo gratis a los más necesitados. Seis cortes por semana. Pero claro que hay mucho más que eso en su trabajo solidario. A tal punto que, hace pocos días, fue premiado en la ceremonia virtual de los International Hairdressing Awards con el International Hair Influencer of the Year, que reconoce la influencia positiva de la peluquería en el mundo. Una distinción que se otorgó por segunda vez en la historia de estos premios.

A su sofisticado Three Squares Studio en la exclusiva zona de West Chelsea, en Manhattan, asiste una clientela muy selecta que es capaz de pagar cientos de dólares por un corte de Bustos. Allí, él trabaja todos los días menos los domingos. En esos días, recorre las calles en busca de personas sin hogar que quieran cambiar su apariencia. Con esto, generó un movimiento que, en las redes, se puede descubrir con el hashtag #BeAwesomeToSomebody

Esta actividad solidaria comenzó en 2012, cuando Mark Bustos viajó a Filipinas, de donde es toda su familia, junto a su novia y colega, Lala Javier. Allí, se instalaron en un salón y comenzaron a ofrecer cortes gratuitos a los niños y jóvenes de bajos recursos. Eso impactó tanto a Mark que, de regreso a Nueva York, empezó cada domingo a salir a la calle con sus herramientas y kits con alimentos y artículos de aseos personal para regalar.

/¿Qué sentiste cuando te designaron como el peluquero más influyente del año?

/ Fue un gran reconocimiento, sin lugar a dudas. Y sé que, de algún modo, seré recordado por este premio y eso es un orgullo. Pero una pregunta que siempre me hice fue precisamente ¿cómo querés ser recordado y qué legado dejarás? Tenemos un tiempo limitado en este mundo y, a menudo, nuestra vida cotidiana nos distrae de lo que realmente importa. Para mí, dejar un legado no tiene nada que ver con el dinero, la fama o las posesiones materiales. Mi legado estará en la respuesta a esta pregunta: “¿Qué he hecho para mejorar la vida de otro ser humano durante esta vida?”. Cada vez que uno se haga esa pregunta, será una pequeña onda en el estanque. Y, todas esas ondas unidas, pueden crear olas para cambiar el mundo.

Bueno… ¿cómo seguir con la entrevista luego de esta respuesta? Pero ahí vamos ¿A qué edad comenzaste en la peluquería? A los 14 años. Nunca hice otra cosa. Es el único trabajo que he tenido en mi vida.

/¿Cómo fueron esos comienzos?

Un clásico de todo chico que va a ser peluquero: arruinándole el pelo a todos mis amigos. Fui a la universidad y me gradué con una licenciatura en negocios pero, hasta el día de hoy, nunca recogí mi diploma. Después, fui a la escuela de peluquería para obtener mi licencia y luego entré como asistente a una peluquería de alta gama. Como sentí que allí no iba a poder progresar, me fui.

Trabajé en varios salones hasta llegar a uno de los mejores de Nueva York en los que cobraba, en aquel momento, us$180 el corte. Pero no me sentía exitoso así que le propuse a mi novia hacer un viaje a Filipinas de donde era también su familia. Y la verdad que allí sentí lo que es vivir en un país en desarrollo. Ahí percibí la pobreza real: niños que viven en la calle, de 4 a 5 años, sin padres y cuidándose unos de otros. 

Con Lala, mi novia, alquilamos un sillón en una pequeña barbería e invitamos a los niños a que vinieran a cortarse el pelo. Sabía que haría algo bueno por ellos, pero lo que más me impactó es darme cuenta de que mi trabajo como peluquero es, simplemente, hacer feliz a la gente sin importar quiénes sean.

/¿Qué pasó con todas esas vivencias una vez de vuelta en Nueva York?

Me di cuenta de que podía llevar mi trabajo a cualquier parte, así que empecé a caminar por las calles de Nueva York. Fue entonces cuando comencé a cortar el cabello de las personas sin hogar.

/¿Y cómo fue esa primera vez en Nueva York?

Estaba nervioso. Fui a The Bowery Mission –NdE: Asistencia para personas sin hogar- porque ahí es donde pasan el rato muchos de ellos. Caminé, caminé de un lado a otro y había grupos de personas pero no podía encontrar el valor para acercarme a nadie, porque no sabía qué decir. Algo me atrajo hacia una persona que estaba sola y, sin siquiera pensarlo, le dije: “Hoy quiero hacer algo bueno por ti” y le pregunté si tenía hambre. En realidad, todos estaban esperando que abriera el servicio para recibir alimentos. Le pregunté: “Si pudieras elegir cualquier cosa para comer ¿qué querrías?” mientras que internamente me preguntaba: ¿cuándo fue la última vez que esta persona pudo elegir? Porque suele pasar que creemos estar haciendo algo bueno al darle a alguna persona una porción de pizza a medio comer o lo que sea que nos sobre. Pero lo que necesitamos, como personas, es que nos devuelvan el derecho a elegir.

/¿Y qué pasó con este hombre?

Dijo algo tan simple como que quería comer pollo frito y arroz de un restaurante chino. Fuimos a buscar la comida y luego le dije que era peluquero profesional y quería cortarle el pelo. Estuvo de acuerdo y mientras yo trabajaba recién me empezó a contar un poco de su vida. Cuando terminé y se miró al espejo lo primero que dijo fue: “¿Conoces a alguien que esté contratando? Quiero conseguir un trabajo”. Fue en ese momento que descubrí lo que es realmente el éxito que, por cierto, no se trata de dinero.

Mark Bustos siguió creciendo tanto en lo profesional como en lo comercial. Hoy integra una sociedad que gestiona, al momento, tres salones de la más alta gama. También, como si todo esto fuera poco, realiza campañas publicitarias y colaboró con la reciente celebración de los 25 años de la serie televisiva “Friend”. Esto no le quitó la posibilidad de lucirse con colecciones artísticas.

/¿Qué le sugerirías a un colega de peluquero a peluquero?

Hace un tiempo pienso en que hay muchos peluqueros a los que les parece bien, como estrategia comercial, plantear que tienen turnos reservados para los próximos seis meses. Que la gente dirá: si tiene esta demanda es porque es bueno. Y no. No es así. Si yo tengo que esperar seis meses para cortarme el pelo donde me gusta es porque ese lugar está haciendo algo mal y no me resuelve mi problema como cliente. Yo prefiero poner un tope de dos semanas. Ese es mi límite.

/Luego de este diálogo que, de alguna manera, ya te define… ¿Vos cómo te definís?

Un tipo normal al que le gusta hacer cosas buenas. Porque no tenés que ser un superhéroe o un santo para hacer cosas buenas. Soy tan normal y, probablemente, tan tonto como cualquier otra persona. Tengo 35 años y actúo como si tuviera 9. Paso por mis propias luchas y estoy estresado, pero me energiza hacer cosas buenas por los demás. Y es una energía que te queda para siempr

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